3.4.12

Ey, estás aquí. Te estábamos esperando. Aquí tienes, una mochila cargada de ilusiones, una cantimplora llena de ganas, un bastón que te sostenga cuando te fallen las piernas y una pomada para las heridas que seguro te harás.

Tu viaje empieza aquí, en esta encrucijada. No te molestes en contar cuántos caminos convergen en ella, son infinitos. Y sólo es la primera a la que te enfrentarás a lo largo de tu viaje, que no serán pocas.

No será fácil, como puedes ir imaginándote. A veces se te hará cuesta arriba, o tendrás que caminar sobre terreno pedregoso o enfangado. A veces el tiempo no estará de tu parte: las nubes son caprichosas, se alimentan de tu indecisión y tiñen el cielo de un gris penitenciario que te puede hacer creer que no vas a poder salir de ésta, atrapado eternamente en un cruce de caminos. No te preocupes. Siempre se llega a alguna parte, siempre sale el sol y todo está bien.

El arrepentimiento es una pesada carga que no merece la pena acarrear. Por eso nunca hay que ir hacia atrás, ni siquiera para tomar impulso. Nunca hay que desandar lo andado, incluso si el camino se hace largo y tortuoso, incluso si te encuentras en la autopista al infierno: puede que solo hayas dado un rodeo. Y si ves que el sendero se acaba, no pienses que estás ante un callejón sin salida: siempre puedes caminar entre la maleza. Quién sabe si al otro lado encontrarás tu Shangri-La.

Por último, recuerda: eres tú, son tus huellas las que marcarán el camino. Puede que alguien las siga, incluso puede que alguien sostenga tu mano y camine a tu lado, pero a la hora de la verdad eres tú y el peso de tus decisiones.

Pero no tengas miedo. Aunque no hay brújula que nos indique el norte, aunque no hay mapa que nos señale el destino, siempre puedes mirar el cielo y dejarte guiar por las estrellas.

Y piensa… que realmente no hay final de trayecto. La Tierra es un gran orbe y, como una vez escuché, hay que vivir esféricamente, en muchas direcciones. Y es que, ¿acaso sabéis de algún marinero que haya alcanzado el horizonte?





Y una pequeña aclaración mitológica:

Trivia es la diosa romana de las encrucijadas. Se trata de una divinidad bienhechora. Su efigie presidía los cruces de caminos, lugares vinculados con la magia, pero también presenciaba las encrucijadas de la vida de los hombres y era testigo de las decisiones que tomaban.



Después de esto, ya os podréis imaginar porque elegí este nombre para mi tercera incursión en la blogosfera. Hace relativamente poco tiempo que comencé a tomar las riendas de mi vida y a enfrentarme a decisiones que me afectarían profundamente. Y han sido esos momentos de indecisión, esas elecciones y sus consecuencias, lo que veréis reflejado aquí. Los rincones de mi mente y el reflejo de mi alma (hasta que se la venda al diablo, que ofrece muy buenos tratos el muy truhán). Mi electrocardiograma literario.

1 peregrinos perdidos:

Manuel Bermudo dijo...

Me encanta como escribes... y... mejor que vendérsela al diablo... vendemela a mí; ya sabes lo que te pido a cambio :)

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