20.10.12


Creía que mi odio quemaría
todo aquello que me rodeaba.

Creía que mi ira incineraría
a todos a los que quise hacer desaparecer.

Pero ha sido mi cuerpo
el que ha ardido hasta los cimientos
                                                      de mi alma.

Y me creía cenizas,
polvo mecido por el viento,
pero hasta de ellas renazco
                                       como un fénix.

Incombustible,
                               indestructible,
                                                              imparable.


"Phoenix" por yuumei, en DeviantArt

16.10.12


Estoy orgullosa de poder decir que este poema ha sido publicado en el primer número de la revista "La Página Escrita", de la Fundació Jordi Sierra i Fabra, y sentir, por un momento, que realmente hay quien piensa que vales. Es reconfortante y me siento increíblemente feliz. Aquí os lo dejo a vosotros (si es que aún me queda algún lector por aquí, ¡manifestaos!)



El día que la ciudad ardió,
que las llamas la carcomieron profundamente
hasta los cimientos
y las lenguas de fuego carbonizaron
todo ápice de vida y esperanza,
ese día unimos
corazones y manos,
y con agua y valentía,
extinguimos el fuego
y el miedo.

El día que la ciudad se inundó,
anegada de agua y lodo,
ahogándonos en nuestra propia miseria,
llevándose vidas y recuerdos,
hundiéndonos,
ese día unimos
corazones y manos,
drenamos el fango
y achicamos el agua
y el miedo.

El día que la ciudad tembló,
se abrió el suelo bajo nuestros pies
dividiendo, fracturando, rompiendo
nuestras tierras y nuestros cuerpos,
ese día unimos
corazones y manos,
reparamos todas las grietas,
hasta las del alma.
Sellamos todos los agujeros
y el miedo.

El día que la ciudad agonizó,
podrida hasta las entrañas,
y enferma hasta la muerte,
ese día unimos
corazones y manos,
sanamos heridas,
limpiamos esputos,
secamos sudores,
y descendió la fiebre,
y el miedo.
  
Pero el día que la ciudad murió,
sepultada bajo toneladas
de arrogancia y vanidad,
ignorancia y estupidez
(y mentiras, cómo no),
ese día nos separamos,
nos señalamos con dedos acusadores
y nos lanzamos comentarios hipócritas,
hirientes como dardos envenenados,
a la espalda, que es más fácil.

Como cobardes que somos,
decepcionando a nuestro pasado,
destruyendo nuestro futuro,
avergonzando a nuestro presente,
y proclamando una falsa inocencia
que ojalá te robe el sueño cada noche,
significará que aún tienes algo de conciencia.

(Y de miedo, probablemente).

¡Insomnes, levantaos!
¡Luchemos como en los viejos tiempos!
¡Unamos corazones y manos
y venzamos al miedo juntos!

(Pero en silencio y en secreto,
no despertéis a nadie,
vayan a enterarse los otros,
que son los que tienen la culpa,
como siempre).


Para el que quiera leer la revista o participar en el siguiente número: http://www.lapaginaescrita.com/

19.8.12


Imagen al microscopio de un corte de tejido del timo de una rata, en prácticas de Organografía


Puede parecer colorido y hermoso a través del objetivo, pero si apartas la cámara, tan sólo es carne muerta y mutilada.

A veces la mejor de las apariencias oculta un alma putrefacta. A veces no podemos verlo. A veces no queremos verlo.


¿Qué prefieres, la realidad o tu realidad?


17.8.12


Lucía largas piernas bajo las faldas,
sonrisas descaradas de usar y tirar,
miradas que congelaban el alma,
y avivaban el fuego,
y reconstruían ilusiones,
y destrozaban sueños.

Escondía secretos bajo siete llaves,
vergüenza entre las sábanas,
inseguridades en álbumes de fotos,
miedo en el cuerpo

(agazapado, acurrucado, temiéndose a sí mismo).

Se exponía como un libro abierto
pero sus páginas estaban en blanco.



31.7.12


Mírame. ¿Qué ves? ¿Una niña, una mujer? Simple y llanamente, ¿una persona?

Hoy soy París.

¿Has estado alguna vez allí? La ciudad del amor. Yo no la conozco, pero voy a guiarte.

Quiero guiarte al centro de París.

Sólo cierra los ojos. Hoy tienes entre tus brazos una ciudad rendida a ti.

Cambia. Ahora puedes mirar.

Brilla el sol. Míralo, te devolverá la mirada; no te hará daño. No olvides quién soy hoy. Te observo, te cuido, ardo. Luz.

Sopla el viento. Olores y sensaciones. Manzana, vainilla y café. Inspira.

Ahora, camina. Recórreme. Comienza el viaje.

Los Campos Elíseos hablan para ti, te indican el camino. Anda, respira, escucha. Atraviesa el Arco del Triunfo, conquista las batallas escritas en él, aviva la llama por el soldado desconocido. Tanto que hacer…

Acabas de empezar.

Notre Dame te observa, con un ballet de palomas danzando a su alrededor, vigía silenciosa, guardiana de leyendas, de historias sin final, de finales sin historia, de recuerdos olvidados, de palabras calladas, de verdades ocultas… Entra en ella y sube a una de sus torres. Recorre la ciudad con tu mirada y estarás grabando en tu mente uno de tantos momentos que atesora, en su memoria imborrable de piedra, nuestra hermosa dama. Pisa el círculo dorado que hay ante ella, marcando el centro de la ciudad. Dicen que si lo haces, volverás a París. Písalo y vuelve, vuelve.

Ahora continúa.

Acaricia la Ópera Garnier, quítale la máscara al fantasma, camina por donde caminó el más imposible de los amores, el más maltratado de los genios, el Ángel de la Música. Hoy canto con la voz de quien yace bajo la brillante oscuridad.

Ayúdame. No dejes la obra a medias.

Vuelve. Aún queda mucha obra por representar.

Un barco parte. Desciende y navega por el Sena. Te mece, te sigue, te empuja. Brazos amantes, caricias de agua tibia que bailan a tu alrededor. Baja la mano, roza el agua. Cierra los ojos al pasar bajo el Puente de los Deseos, formula uno e intenta que esté a mi alcance. Hoy pienso cumplir todos y cada uno de ellos.

Graba en tu mente las obras prohibidas del Louvre. Fantasías imposibles de color rojo y lienzos vacíos. Pinta. Rendidas a tus pies, ideas que piden ser cuadros, reclamados por un público que se reduce a la inmensidad de dos personas. Tú y yo.

Y sigue andando. Camina, visita. Deléitate con los monumentos, los barrios, las calles, los parques, los jardines, las plazas… Te parecerá inmenso, pero tranquilo. Te doy todo el tiempo del mundo para llenarte de ello. De mí.

Porque cada paso que das es una nueva declaración de amor que me dice: Quiero continuar. Porque cada mirada de admiración me llena de orgullo, y cada vez que tu mano se posa en algún lugar afirma: Yo estuve aquí. Tú y nadie más, porque he construido una ciudad entera para ti. Por ti.

¿Dónde estás ahora? Mira hacia arriba. La Torre Eiffel.

El final de tu viaje.

Estás en la cima, dejando atrás los 1665 escalones que has subido. Camino largo, difícil. Siéntete orgulloso. Con tu esfuerzo has conseguido dominar tu propia ciudad. Ahora puedes verla, a tus pies, pero al mismo tiempo dándote las alas para subir a lo más alto. Aún es débil. Una Torre Eiffel hecha de hojas de papel en blanco.

Nuestro turno. Escribamos la historia.


"The Eiffel Tower through art", por Trey Ratcliff, en Stuck In Costums