12.4.13


La última vez que Daniel le pidió a su familia que le ayudasen en su abordaje al barco pirata, nadie le quiso acompañar en su aventura. Daniel no se había dado cuenta de que su hermana mayor, Susana, estaba en la edad en la que prefería pasar las horas muertas delante del ordenador, antes que acompañarle a luchar contra piratas y bucaneros y ayudarle a rescatar a la hermosa hija del almirante.  Su padre estaba trabajando en el despacho, y Daniel sabía bien que no se podía molestar a papá cuando estaba trabajando, o se quedaría sin merienda. Su madre, por otro lado, le había dicho que ya era mayorcito para seguir inventándose esas historias y además, ¿hijo, no tienes deberes que hacer?

Después de enfurruñarse y encerrarse malhumorado en su cuarto, decidió que era lo suficientemente valiente como para hacerlo solo y se coló por la puerta brillante que había aparecido en su habitación, armado con su espada de plástico, por si la cosa se ponía peligrosa.

El otro día, mientras avistaba tierra con su tripulación, se preguntó si papá y mamá estarían preocupados.

29.3.13


Yo no escribo.

Replico mis emociones
transcribo mis pensamientos,
traduzco mi alma
                        en palabras.





27.3.13






Hoy las nubes están tristes y lloran sobre la ciudad. Me pregunto si se conformarían con uno de mis abrazos, pero luego recuerdo que todavía no he conseguido volar.

5.3.13


Había un abismo de inseguridades
entre sus ojos y mis ojos.

Y un kilómetro de vacío
entre nuestras pieles anhelantes.

Se nos antojó insalvable la distancia,
se nos despeñó el coraje
en las profundidades del alma.

Previmos una caída inevitable,
sin advertir el peso de las alas
que lucíamos a la espalda.



12.2.13


Te siento entre mis dedos
cuando pulso las teclas del piano,
oigo tu voz en su melodía,
me inspiras bellas armonías.

Llenaste de notas
mis días plagados de silencios.

No dejes de ser
la banda sonora de mi vida.



Hoy tengo el día sarcástico.

Yo me entiendo.