14.11.12


¿Cómo “nada” puede ser “algo”?

Nacido en un mundo de números, un oprimido Cero descubrirá que a través de la determinación, el coraje y el amor, “nada” puede llegar a convertirse en “algo”.




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10.11.12


Pienso, luego existo.

No.

Existo, luego pienso.

Y pienso que me niego
a limitarme a existir.

A dormirme en mi rutina
de días grises,
insípidos,
olvidables.

A dejar pasar la vida,
el tiempo,
las oportunidades.


Pienso, luego vivo.

2.11.12

"The girl with red lips", por mimi75mimi75, en DeviantArt






No acostumbraban a ver más allá de las gafas negras de pasta, que asociaban extrañamente a un afán desmedido por el estudio y no a una miopía galopante que la acompañaba desde la infancia, y se sorprendieron cuando ese día en su rostro pálido como la luz de la luna lo que más destacaba era el color rojo, salvaje y llamativo, que teñía sus labios gruesos y que pedía a gritos que lo borrasen con saliva y labios ajenos.

No acostumbraban a observar las curvas que había dejado al descubierto aquel día, aquellas que solía ocultar con una larga melena y excesivas capas de tela, y se sorprendieron cuando ese día mostró la nuca despejada con un buen corte de pelo, el blanco y largo cuello desembocando en los hombros rectos y elegantes, luciendo un porte casi aristocrático y exquisito.

No acostumbraban a mirarla dos veces, sinceramente. Paseaba por los pasillos como una silueta difusa negra, encorvada y silenciosa, como si alguien le hubiera bajado el volumen al mínimo a su voz y a su risa, olvidable niña buena, y se sorprendieron cuando apareció coleccionando miradas incorrectas y lascivas, devolviéndolas con una sonrisa satisfecha, sonrojando rostros e inspirando fantasías, inmensa y sublime en su atrevimiento, sobre aquellos tacones, cabalgando como un purasangre, un bello animal, una fiera mujer.

No se acostumbraban, no, a aquella desconocida de labios rojos, piel blanca y cabello negro, delicada en sus maneras como una geisha, pero descarada en sus acciones y de belleza desconcertante y confusa.

No se lo esperaban, tampoco, cuando la joven se dignó a dirigirles la mirada por primera vez, intensa y desgarradora, con un deje altivo, despectivo incluso. Se llevaba a la boca un cigarrillo robado a uno de los presentes, un joven que trataba de encontrar en ella algún vestigio de la chica que él creyó conocer, mientras dejaba que el humo la envolviera, misteriosa y sugerente, como una muñeca hecha de porcelana y encaje negro.

Se cansó pronto de aquel juego de poder y seducción. Mientras las últimas hebras de humo se elevaban de entre sus labios, detuvo sus ojos entornados en cada uno de los presentes, y con parsimonia, con una inquietante frialdad, dejó oír su voz, quizá lo único que había permanecido intacto en aquel cuerpo extraño, elevándose sobre el bullicio que les rodeaba. Fue directa, sin saludos cordiales ni afectuosas palabras.

–Debería haber hecho esto hace mucho tiempo. Aunque os hubiera dado igual.

Y, regodeándose, les lanzó a la cara todas aquellas verdades que había guardado en su interior durante años, enfermándola como si de un cáncer se tratase, corroyéndola. Fue cruel, incluso, pero no le importaba.

A ellos tampoco les importó entonces.

– A ti te odiaba – confesó imperturbable – Tú nunca estuviste a la altura. Tú nunca supiste quién eras. Tú sigues estando vacío. Tú me salvaste la vida y ni te diste cuenta.

Siguió autopsiando almas, las abrió en canal con palabras cortantes y una lengua bien afilada. Les sacó las entrañas y les acuchilló con la verdad y nadie pudo replicarle porque no había con qué hacerlo. Dedicó sus últimas palabras al joven del cigarro, después de darle una calada especialmente larga como si absorbiera fuerzas a través de ella.

– A ti te amaba y nunca te importó.

Él respiraba agitado y la miraba con turbación. Ella tiró la colilla al suelo y acabó pisoteada bajo su tacón.

(Fue simbólico, él le hizo lo mismo a su corazón. Le gustó el gesto, quedó muy poético).

Luego le besó en los labios, profundo, húmedo y largo. A pesar de tener la lengua afilada, besaba tierna, como derritiéndose bajo su paladar como chocolate, líquida y dulce. Cuando se separó se le erizó el vello de los brazos.

Se marchó por donde había venido, dejando atrás confusión y desconcierto, y de seguro miles de palabras por decir, con el pintalabios corrido, el corazón desbocado y la satisfacción del deber cumplido.

Grabada a fuego en todas y cada una de sus mentes –y en algún corazón, quién sabe–. 

Inolvidable.

20.10.12


Creía que mi odio quemaría
todo aquello que me rodeaba.

Creía que mi ira incineraría
a todos a los que quise hacer desaparecer.

Pero ha sido mi cuerpo
el que ha ardido hasta los cimientos
                                                      de mi alma.

Y me creía cenizas,
polvo mecido por el viento,
pero hasta de ellas renazco
                                       como un fénix.

Incombustible,
                               indestructible,
                                                              imparable.


"Phoenix" por yuumei, en DeviantArt

16.10.12


Estoy orgullosa de poder decir que este poema ha sido publicado en el primer número de la revista "La Página Escrita", de la Fundació Jordi Sierra i Fabra, y sentir, por un momento, que realmente hay quien piensa que vales. Es reconfortante y me siento increíblemente feliz. Aquí os lo dejo a vosotros (si es que aún me queda algún lector por aquí, ¡manifestaos!)



El día que la ciudad ardió,
que las llamas la carcomieron profundamente
hasta los cimientos
y las lenguas de fuego carbonizaron
todo ápice de vida y esperanza,
ese día unimos
corazones y manos,
y con agua y valentía,
extinguimos el fuego
y el miedo.

El día que la ciudad se inundó,
anegada de agua y lodo,
ahogándonos en nuestra propia miseria,
llevándose vidas y recuerdos,
hundiéndonos,
ese día unimos
corazones y manos,
drenamos el fango
y achicamos el agua
y el miedo.

El día que la ciudad tembló,
se abrió el suelo bajo nuestros pies
dividiendo, fracturando, rompiendo
nuestras tierras y nuestros cuerpos,
ese día unimos
corazones y manos,
reparamos todas las grietas,
hasta las del alma.
Sellamos todos los agujeros
y el miedo.

El día que la ciudad agonizó,
podrida hasta las entrañas,
y enferma hasta la muerte,
ese día unimos
corazones y manos,
sanamos heridas,
limpiamos esputos,
secamos sudores,
y descendió la fiebre,
y el miedo.
  
Pero el día que la ciudad murió,
sepultada bajo toneladas
de arrogancia y vanidad,
ignorancia y estupidez
(y mentiras, cómo no),
ese día nos separamos,
nos señalamos con dedos acusadores
y nos lanzamos comentarios hipócritas,
hirientes como dardos envenenados,
a la espalda, que es más fácil.

Como cobardes que somos,
decepcionando a nuestro pasado,
destruyendo nuestro futuro,
avergonzando a nuestro presente,
y proclamando una falsa inocencia
que ojalá te robe el sueño cada noche,
significará que aún tienes algo de conciencia.

(Y de miedo, probablemente).

¡Insomnes, levantaos!
¡Luchemos como en los viejos tiempos!
¡Unamos corazones y manos
y venzamos al miedo juntos!

(Pero en silencio y en secreto,
no despertéis a nadie,
vayan a enterarse los otros,
que son los que tienen la culpa,
como siempre).


Para el que quiera leer la revista o participar en el siguiente número: http://www.lapaginaescrita.com/